Arquitectura del Siglo XX en la Ciudad de Veracruz

PROGRAMA DE ESTIMULOS PARA LA CREACION Y EL DESARROLLO ARTISTICO DEL ESTADO DE VERACRUZ

Los Albores del Siglo XX

Las Ciudades Veracruzanas… luchaban incansables por dotarse de los mínimos urbanos establecidos por esa modernidad de fin y principio de siglo. Empezaban a tener alumbrado público y calles mínimamente transitables, construían escuelas y edificios públicos que aun ahora nos muestran sus sólidos cimientos…[1]

En 1882 se empezaron a demoler las murallas que rodeaban Veracruz; se puede decir que ésta acción, realizada como parte de una serie de obras que tenían por objeto mejorar la infraestructura de la ciudad, marcó el inicio de su modernización. Había problemas de abastecimiento de agua, no se contaba con sistema de desagüe, y las aguas negras en medio de las calles ocasionaban epidemias y otros problemas de salud. Sin embargo, a pesar de las obras de saneamiento realizadas hacia finales del siglo XIX y principios del XX, el acelerado crecimiento de la población ocasionaba que, al poco tiempo de llevarse a cabo, dichas obras resultaran insuficientes y la infraestructura de la ciudad se volviera de nuevo obsoleta[2].

Durante la primera década del siglo XX, como resultado de la construcción de la infraestructura ferroviaria y marítima, Veracruz experimentó un desarrollo económico y urbano muy importante. La población paso de 29,164 habitantes en 1900 a 48,633 en 1910[3], es decir, incrementó en más del 50%.  Había una gran actividad comercial, proliferaban tiendas y prestadores de servicios y por lo tanto la ciudad atraía un gran número de trabajadores.

En 1908 se inauguró el sistema de tranvías eléctricos, que sustituía al los tranvías “de mulitas”[4]. Para entonces los asentamientos originalmente extramuros localizados hacia el sur (en dirección al barrio de La Huaca), ya habían quedado  integrados a la ciudad.

ruta_laguna_1908Imagen:  Mapa que muestra el recorrido de la ruta “Laguna” del tranvía eléctrico, inaugurado el 5 de julio de 1908[5]

3.1.       Eclecticismo e historicismo

Por aquel entonces, en la arquitectura del país predominaban los estilos historicistas (es decir, la imitación de estilos del pasado) y el eclecticismo (combinación de elementos de diferentes estilos y épocas). Este tipo de arquitectura, surgida en Europa durante el siglo XIX, fue promovida abiertamente durante el Porfiriato (1876-1911).

La arquitectura de las grandes ciudades europeas era el ideal a seguir, no solo para las autoridades del país sino también para las clases media y alta. Una guía de la ciudad de México de 1901, al  referirse a la colonia Juárez, la describe como “una moderna colonia con pintorescos chalets de techos grises e inclinados que nos hacen transportar… a un barrio extramuros de Paris o a un rincón de Suiza”[6]. Otra definición de la época, también sobre la colonia Juárez, asegura que se trata de “un hermoso suburbio… que por su elegancia, salubridad y amplitud, remeda los barrios aristocráticos de Viena y de Bruselas”[7].

A principios del siglo XX el General Porfirio Díaz se propuso llevar a cabo la construcción de un importante número de obras que se inaugurarían en 1910, como parte de la celebración del 100 aniversario de la Independencia de México. De esta iniciativa surgieron edificios majestuosos, principalmente en la ciudad de México,  como el Palacio de Correos (iniciado en 1902) y el Nuevo Teatro Nacional (actual Palacio de Bellas Artes, iniciado en 1904), ambos proyectos fueron encomendados al arquitecto italiano Adamo Boari, lo que puede interpretarse como un indicio de la preferencia no solo por la arquitectura, sino también por los arquitectos europeos.

En la ciudad de Veracruz tenemos varios edificios públicos, no tan majestuosos como los de la ciudad de México pero igualmente  representativos de ese periodo, entre ellos: la Aduana Marítima (1902) y el edificio de Correos y Telégrafos (1902) que se construyeron como parte de las obras de ampliación del puerto; la Cárcel de Allende (1908), el Faro Venustiano Carranza (1910), la remodelación del Ilustre Instituto Veracruzano (actual Escuela de Bachilleres de Veracruz, 1910) y la Estación Terminal (1911).

Sin embargo, en contraste con la abundancia y majestuosidad que se quería proyectar con los edificios públicos de la época, gran parte de la población vivía generalmente hacinada en patios de vecindad, en los que se pagaban rentas muy altas y prevalecían condiciones de insalubridad. Esta situación desembocó en una “huelga de pagos” por parte de los vecinos de más de 100 patios de vecindad, misma que marcó el inicio del movimiento inquilinario de 1922[8].

A partir de la década de 1920, los cambios en la vida política del país, resultado de la Revolución iniciada en 1910, se vieron reflejados en la construcción de infraestructura y en los estilos arquitectónicos elegidos para la misma. Los gobiernos posrevolucionarios proclamaban la necesidad de construir vivienda para la clase trabajadora, así como escuelas, hospitales y otros servicios, y buscaban una nueva imagen que los diferenciara del régimen derrocado y de su estilo anacrónico que idealizaba la arquitectura del pasado.

Este cambio desde luego fue gradual y el historicismo y eclecticismo siguieron gozando de la preferencia de mucha gente hasta bien entrado el siglo XX. Véase por ejemplo la sede de del Sindicato de Trabajadores de la Terminal de (1926), o  las oficinas del Registro Civil (1972).

3.2.       Arquitectura neocolonial

Entre las diferentes propuestas que surgieron en los primeros años posteriores a la Revolución hay que mencionar la arquitectura neocolonial, promovida principalmente por José Vasconcelos, Secretario de Educación de 1921 a 1924. Vasconcelos consideraba que la cultura mexicana había alcanzado su clímax precisamente durante la colonia y que por lo tanto la arquitectura del México moderno debería recrear el estilo del periodo durante el cual —en su opinión— surgió, la “nueva raza” de mexicanos modernos. Aunque fue durante la década de 1920 cuando tuvo mayor impulso, la arquitectura neocolonial convivió con otros estilos durante prácticamente toda la primera mitad del siglo XX.

Si bien el término “colonial” se refiere a un periodo de tiempo y no a un estilo arquitectónico, se llama arquitectura colonial a la construida durante dicho periodo, es decir, durante la ocupación española. En términos generales, podemos decir que se trata de arquitectura española típica de la época, reinterpretada por los constructores y artesanos mexicanos y adaptada a los materiales y técnicas de construcción locales. De modo que, en el contexto mexicano, el término “neocolonial” se usa generalmente para referirse a la arquitectura que imita (o hace alusión a), los edificios construidos durante aquel periodo, y pude por lo tanto considerarse una forma de historicismo. Si la arquitectura ecléctica del Porfiriato imitaba los estilos de siglos atrás surgidos en Europa, la arquitectura neocolonial imita los estilos, también de siglos atrás, surgidos en México y el continente Americano.

Esta arquitectura, usada esencialmente para viviendas unifamiliares, retoma por ejemplo algunos elementos de las casonas y haciendas tales como la disposición de habitaciones alrededor de un patio central, soportales, el uso de materiales no industrializados (adobe, piedra, madera, teja), e incluso sus colores. Otra variante de ésta arquitectura es el estilo llamado “colonial californiano”, que podríamos definir como la arquitectura neocolonial surgida en los Estados Unidos, que imita o retoma algunos elementos de los edificios de las misiones españolas en aquel país, y que durante la primera mitad del siglo XX se popularizó sobre todo en el estado de California, y eventualmente en México. En la ciudad de Veracruz, hoy en día todavía es posible identificar algunas casas, aunque modificadas, de estilo colonial (y colonial californiano, a veces mezclados) sobre todo en los fraccionamientos Faros y Flores Magón.

Cabe mencionar que, a pesar de haber gozado de popularidad en el mercado inmobiliario,  la mayoría de los arquitectos de la época, sobre todo los que trabajaban en la academia y aspiraban a modernizar la arquitectura del país, ya desde entonces consideraban inapropiado construir casas y edificios que imitaran estilos del pasado, porque (al igual que el eclecticismo) al pertenecer a otro momento histórico, su diseño obedecía a un estilo de vida y una lógica constructiva diferentes de las del siglo XX.


[1] González Sierra, José G. “El primer tercio de un corto siglo XX”, Historia General de Veracruz. Gobierno del Estado/UV, Veracruz, 2011, p. 355

[2]  Méndez Main, S. “La Población en el siglo XIX”, Historia General de Veracruz,  op. cit.

[3]  Aguilar Sánchez, M. “Las Luchas Sociales en el Estado de Veracruz” en Historia General de Veracruz, op. cit.

[4] García de Benaglio, M. Historia de los Tranvía del Puerto de Veracruz (1863 – 1981). Museo de la Ciudad, Veracruz, 1992.

[5] Imagen tomada de García de Benaglio, M. Historia de los Tranvía del Puerto de Veracruz :1863 – 1981. Museo de la Ciudad, Veracruz, 1992.

[6] Martín, V. “Arquitectura Porfiriana: análisis comparativo de la colonia Juárez, 1910 – 1980”, Apuntes para la Historia y Crítica de la Arquitectura Mexicana del Siglo XX, Vol.1, p.21

[7]  Ibídem, p. 23

[8] Aguilar Sánchez, M. “Las Luchas Sociales en el Estado de Veracruz”, en Historia General de Veracruz, op. cit. 

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